Despidiendo el año en Londres

Cuando terminaba el año pasado estábamos en Londres. Habíamos decidido que ese iba a ser nuestro regalo familiar de Reyes. No era un viaje demasiado largo en avión y consideramos que no tendríamos problemas con la comida de Éire.

Si bien el viaje fue bien, sin ningún problema a excepción de alguna que otra turbulencia, el tema de la comida de Éire se nos complicó un poquito. No haciendo caso a los consejos que os damos en el blog, nos llevamos varios potitos en la maleta. Podríamos haberlos comprado allí. Pero esa no fue la complicación, sino que casi en ningún sitio nos querían calentar la comida de la peque. La pobre se tuvo que comer más de un puré y de dos fríos. Es una campeona. Nuestro consejo es que os llevéis un termo y calentéis el puré en el sitio donde os alojéis; así os aseguráis que el peque comerá caliente.

Otra cosa que no organizamos especialmente bien fue el tema del alojamiento. Reservamos una habitación de hotel que no estaba demasiado lejos del centro y por un precio relativamente económico para lo que es Londres, pero  hacía frío, llovía y Éire que no tenía ni un año a las 9 de la noche ya estaba agotada así que nos íbamos para el hotel. Os podéis imaginar nuestras cenas. La cena de Noche Vieja fue una hamburguesa fría.

Así que después de nuestro viaje a Varsovia que os contamos aquí, hemos decidido que cuando hagamos escapadas a cualquier ciudad en la que vayamos a estar más de tres o cuatro días, nuestra opción va a ser la de alquilar un apartamento. Eso en Londres nos habría facilitado bastante las cosas.

Nos planteamos los paseos por la ciudad con mucha calma y viendo las cosas sin prisas y sin agobios, lo que es difícil en una ciudad tan grande, tan caótica pero al mismo tiempo tan bonita. Además, coincidiendo con las fechas navideñas, todo estaba adornado con árboles y luces de colores, lo que le daba mucho encanto.

Solo estuvimos 4 días, así que teníamos que escoger muy bien lo que queríamos ver y como era nuestra primera vez en Londres, pues nos decantamos por lo más turístico. Un paso por el Soho, Picadilly Circus, Trafalgar Square, el Big Ben, London Eye, la Abadía de Westminster, un paseo por Hyde Park y por supuesto, comer en el mercado de Candem.

No quisimos perdernos la experiencia de subir a la parte de arriba de los famosos autobuses londinenses, y realmente fue eso, una experiencia. No podemos mostraros fotos porque ya era bastante difícil mantener la verticalidad como para además sostener la cámara y sobrevivir. Lo más difícil, bajar las escaleras que comunican los dos pisos del vehículo con éste en movimiento.

No volvernos locos en el metro fue otro de los retos en este viaje. Acostumbrados al metro de Madrid que es sencillísimo, cada trayecto en el de Londres se nos presentó como una aventura que no sabíamos cómo iba a terminar. Por la misma vía pasan varios trenes con distintos destinos, mucha gente que sube, que baja… Pero ante la duda, preguntar al personal de la estación era la manera más fácil y rápida de no terminar en algún lugar fuera del mapa. No es un metro barato, pero con la Oyster Card nos ahorramos bastante dinero en cada trayecto.

De visita obligada era el Museo de Historia Natural. La entrada es gratuita y aunque había cola para entrar, no tardamos demasiado en poder acceder al edificio que es enorme y que acoge una colección también enorme e inabarcable en un par de horas. Nos dio la bienvenida el esqueleto de diplodocus de la entrada. Decidimos que limitaríamos la visita a la galería de los dinosaurios y la de los grandes mamíferos.

Si además sois admiradores absolutos de la saga de Harry Potter, estáis como ya sabréis en la ciudad perfecta. Nosotros pasamos por el Puente del Milenio, el andén 9 y 3/4 de la estación de King´s Cross y Leadenhall Market en donde encontramos el Caldero Chorreante.

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Lo bueno de habernos retirado pronto el día 31 de diciembre fue que al día siguiente no nos costó nada madrugar y pudimos disfrutar del Desfile de Año Nuevo.

Y hasta aquí nuestra experiencia londinense. Volveremos a Londres seguro, no sabemos cuándo, pero volveremos. Tenemos la sensación de que es una ciudad que da igual las veces que la visites, siempre va a sorprenderte.

Queremos despedir el año dando las gracias a todos los que nos seguís y en 2014 esperamos poder compartir con vosotros muchas experiencias viajeras y que vosotros nos contéis las vuestras.

Que paséis una feliz noche.

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