Dormir en el Camino de Santiago con niños

Esta es una de las grandes dudas a la hora de organizar el Camino de Santiago con niños: dónde dormir y qué material llevar para que la experiencia sea satisfactoria para toda la familia y  no nos llevemos sorpresas. Desde luego, para nosotros, hacer el Camino de Santiago ha sido una de las experiencias más auténticas que hemos vivido como familia; nos ha llevado casi al límite, nos ha puesto a prueba y nos hemos dado cuenta de que juntos todo es mucho mejor.

Albergue de peregrinos

Después de publicar nuestro primer artículo sobre el Camino de Santiago con niños, muchos nos escribisteis para preguntarnos cómo habíamos hecho para dormir con las peques así que os vamos a contar cómo nos organizamos nosotros.

Reservar en los albergues

Hay albergues que te permiten reservar días antes y eso, cuando haces el Camino con los niños puede venir muy bien porque sabes que lleguéis a la hora que lleguñeis, tu familia y tú vais a tener una cama calentita en la que dormir y un lugar en el que daros una ducha.

Niña de 5 años en litera de albergue de peregrinos en León

Nosotros salimos de León y la noche previa fue la única que reservamos. El resto de días, nos atrevimos a improvisar. Era noviembre y no había mucho problema de espacio en los albergues. Pero lo que sí puede pasar es que no estén abiertos todos los albergues que sí están abiertos en meses con más afluencia; de hecho, nos encontramos con etapas que no tenían ninguno abierto y había que llegar a la siguiente. Esto te puede suponer, como nos ocurrió, hacer 12 km más de los que tenías pensado.

Lo mejor, sin duda, es planificar la ruta del día y a lo largo de la etapa llamar al albergue en el que quieras pasar la noche para saber si te reservan la cama o por lo menos para que sepan que va a llegar una familia. A nosotros eso nos supuso en el albergue de Astorga, que aunque fuésemos los últimos en llegar, nos guardasen cuatro camas en la esquina de una habitación para poder estar toda la familia junta. No reservaban cama, pero sí tuvieron eso en cuenta.

Por el precio de los albergues, no os preocupéis, suele andar entre los 5 y los 10 euros y muchas veces los niños ni siquiera pagan.

Las literas

Serán las grandes triunfadoras de la noche, sin duda. Nosotros en casa no tenemos literas así que para Éire, con 5 años, dormir en las alturas fue una gran aventura. Eso sí, no todas son aptas para peques; a veces no tienen escaleras o las barras son demasiado anchas y un niño se puede colar mientras duerme. Ese día al peque le tocará dormir abajo. Pero tranquilos, hay muchas noches por delante.

Bebé jugando en literas de albergue del Camino de Santiago

Sacos o sábanas

O las dos cosas. Eso va a gusto de cada uno. Si viajas en verano los sacos pueden ser finos, pero en noviembre unos buenos sacos eran indispensables; no sabíamos cómo iban a ser de calientes los albergues y no queríamos correr el riesgo de pasar frío.

Llevábamos tres tipos de sacos, uno para cada uno. El que dormía solo, llevaba un saco apto para todas las estaciones; el que le tocaba dormir con Olimpia, para estar más cómodo utilizaba un saco ovalado y Éire utilizaba un saco nórdico de la marca Norkid que evita que los peques se destapen.

Además, en la mayoría de los albergues te daban la opción de alquilar sábanas de tela por 4 euros o unas de papel por 2 euros. Éstas últimas nos parecieron perfectas para que los sacos no entraran en contacto directo con los colchones.

Sin agobios

Esta fue nuestra batalla ganada durante el Camino. Solo una noche pudimos dormir en una habitación privada. El resto de días, estuvimos en habitaciones compartidas con otros peregrinos y eso nos agobiaba enormemente, no por nosotros sino por los demás. Olimpia con 22 meses no hace aún noches enteras y es habitual que llore, así que era una presión enorme el que los otros peregrinos no pudiesen dormir por eso.

Bebé durmiendo en un albergue en el Camino de Santiago

Los propios hospitaleros nos tranquilizaban diciendo que no nos preocupáramos, que ese es en realidad el espíritu del Camino: unas veces duermes mejor y otras peor. Y los peregrinos con los que tuvimos que compartir habitación fueron siempre comprensivos, amables y empáticos.

A nuestro favor jugó que Olimpia estaba bastante tranquila y que sus “mamá teta” se oían bastante menos que los ronquidos de algunos.

Levantarse temprano

Pero sin exagerar. Sí es cierto que en verano es mejor caminar en las primeras horas de la mañana para no sufrir el calor y para llegar a una buena hora a los albergues. En épocas con menos calor y menos gente hay que madrugar pero no hace falta que sea a las 5 de la mañana. Eso sí, hay que calcular cuánto te va a llevar la etapa de ese día porque anochece antes.

Nosotros el día que más temprano nos levantamos fue a las 7.00, porque cerraban el albergue a las 8.00 horas. Nos poníamos una hora fija de salida y así no remoloneábamos. Primero nos levantábamos los adultos, nos vestíamos, recogíamos lo que tuviésemos desperdigado y entonces despertábamos a las peques. En general en tres cuartos de hora nos solía dar tiempo, (el resto de peregrinos con un cuarto de hora tenían más que suficiente).

Esperamos que os hayan servido de ayuda nuestros consejillos para dormir en el Camino de Santiago con niños; en las próximas semanas os seguiremos contando qué llevábamos en la mochila, cómo organizamos las comidas y más cosas interesantes.

Os esperamos en los comentarios y en nuestras cuentas de Instagram y Facebook.

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