Eclipse de Sol y astronomía para niños

Un eclipse parcial de Sol acaba de pasar por casi toda Europa. Bien es cierto que las nubes no nos han dejado disfrutarlo por completo, pero nosotros hemos visto casi la mitad del eclipse… cosa que es mucho más de lo que hemos visto en España en los últimos años.

Un eclipse de Sol es una ocasión estupenda para estimular la cusiosidad de un niño. Si acompañamos la observación con unas explicaciones sencillas sobre lo que está pasando y con mucha ilusión por nuestra parte, ellos pueden disfrutar de lo lindo.

Nosotros lo hemos visto desde la terraza de casa. Habíamos planeado ir con la furgo al monte, pero con el tiempo que hacía, hemos pensado que si llovía lo podríamos ver mejor desde casa. Desde la terraza teníamos una vista del Sol perfecta (con permiso de las nubes) y hemos podido entrar cuando teníamos mucho frío.

La pequeña astrónoma de la familia Furgoteta

Al Sol le falta un trozo

Para que un niño disfrute de lo que está viendo, hay que explicárselo un poco. Con dos galletas hemos dicho que la Luna estaba tapando al Sol, lo mismo que la galleta oscura estaba tapando a la galleta clara. No sabemos si a Éire le ha convencido la clase improvisada, pero ha sacado su propia conclusión: “¡Mira, al Sol le falta un trozo!”. Para qué quieres más. Esa explicación es quizá la única que se necesita a los tres años. Cuando sea más mayor ya trataremos de que comprenda lo mágico del momento: una bola gigante de gas ardiente que flota a 150 millones de kilómetros de distancia que se ve ensombrecida por otra bola de roca que flota mucho más cerca.

Cómo explicar un eclipse de Sol a un niño usando galletas

Pedagogía astronómica con galletas de chocolate

Las galletas, además de como instrumentos pedagógicos, nos han servido para desayunar mientras iba avanzando la mañana. Un colacao calentito ha hecho que la pequeña astrónoma aguante mejor la fría y ventosa mañana.

Un eclipse sin colacao caliente no es un buen eclipse

Hemos intentado varios trucos malabares para proyectar el eclipse sobre un trozo de papel, con prismáticos o con cartones agujereados, pero la cosa no ha salido demasiado bien. Nos fallaba el pulso o llegaban unas nubes que hacían que la proyección saliera desenfocada. Hemos conseguido algo, pero con lo que más hemos disfrutado ha sido con la observación directa con gafas de eclipse.

Probando suerte con prismáticos y cartones

Creemos que este tipo de actividades son muy necesarias para estimular el interés y curiosidad de los niños. Hace muchos años, el que ahora es papá de la familia La Furgoteta, fue al Planetario de Madrid a ver un tránsito de Venus. Unos aficionados a la astronomía habían colocado telescopios para que la gente pudiera ver ese curioso fenómeno: el planeta Venus pasaba por delante del Sol, de forma que nuestro astro tenía una peca itinerante en su superficie… peca que en realidad era todo un planeta con el doble de diámetro que el nuestro.

Llegó un padre con un hijo de unos 6 años. El padre miró por el telescopio y al instante exclamó: “Buf, pues vaya cosa. Esto se ve mucho mejor en la tele. ¡Hala, hijo, vámonos a casa!”. Se largó de allí sin dejar siquiera que el niño echara un vistazo.

Está claro que con actitudes así no podemos extrañarnos si un niño llega a adolescente y no demuestra interés por nada. Para que un niño sea un adulto curioso que pueda emocionarse por los pequeños y grandes espectáculos de la naturaleza, tenemos que estar dispuestos a hacer trucos de magia con galletas, con gafas de eclipse o con cartones perforados.

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