París y un paño africano

En el verano de 2012 estuvimos en Francia e hicimos una visita a unos amigos que viven cerca de París y con los que la madre de María estaba pasando unos días. Estando a solo media hora de la ciudad de la luz, no podíamos dejar de ir a darnos un paseo por sus preciosas calles.
Como ya os hemos comentado aquí, no usamos demasiado el carricoche, a Éire solemos llevarla en fulares portabebés y a María le llamaba mucho la atención cómo las madres en muchos países de África llevan a sus hijos a la espalda sujetos con una simple tela. Son los paños africanos, los kanga, los paños para todo, pues en ese continente no sólo se usan para llevar a los niños, sino como sábanas, manteles…
Estábamos en el Boulevard de Clichy, frente al famoso Moulin Rouge, cuando vimos pasar a una familia. La madre, llevaba a su niña a la espalda, precisamente en un paño africano.

¡Esta era la nuestra! La madre de María, que habla francés perfectamente, ni corta ni perezosa, se acercó a la mujer y le preguntó dónde podíamos comprar un paño como el que llevaba. La familia se quedó un poco sorprendida y parecía un poco reticente, pero cuando vieron que nosotros también llevábamos a Éire colgadita, aunque en un fular elástico, la cosa se animó. La mujer, con mucho remango bajó a su hija de 18 meses del portabebé, y empezó a explicarnos cómo colocar la tela. Nos pidió permiso para coger a Éire y en tres movimientos, nuestra hija estaba en la espalda de una mamá desconocida que la bamboleaba de un lado a otro diciéndole “No te preocupes bebé, que no te voy a robar”. El espectáculo estaba asegurado, y muchos turistas hicieron fotos de esas dos extrañas familias que en medio de París se dedicaban a hacer nudos con trapos y a colgarse niños a la espalda.

Nos explicó además, que podíamos hacernos con las telas en la zona del Marché Saint-Pierre, que la medida ideal es de un metro sesenta por un metro y que no nos podía dar el suyo porque solo llevaba uno y en ese momento le hacía falta para llevar a su niña, lo que es sorprendentemente generoso en estos tiempos que vivimos.

Como podéis ver en las fotos a nuestra pobre hija, la idea de que alguien desconocido la cogiera y la envolviera en un trapo no le pareció tan enriquecedora como a nosotros y una vez en brazos de su madre y mientras mamaba, levantaba un dedo acusador y gruñía.

No sabemos exactamente lo que decía, pero estamos seguros de que era algo así como que somos unos malos padres por haberla dejado en manos de alguien a quien no había visto en su vida. Algún día, le explicaremos que gracias a esa familia ella durmió a partir de entonces largas siestas a la espalda de su mamá. Y también le explicaremos, que en el mundo hay gente buena, dispuesta a ayudarte y a enseñarte sin pedirte nada a cambio. No tenemos palabras de agradecimiento suficientes para esa familia de París a los que seguramente no volveremos a ver nunca más.

Por si a alguien le interesa, en la zona del Marché Saint-Pierre hay un montón de tiendas en las que venden abalorios, lanas y por supuesto telas. Entre ellas, los paños africanos. Hay que rebuscar un poco, porque los precios varían de unas a otras, callejead y que no os de miedo entrar en los locales más pequeños, encontraréis la tela que buscáis y además son espacios muy curiosos. Por otra parte, el Marché Saint-Pierre está muy cerquita del Sacré Coeur, así que si os queréis comprar una de estas telas o cualquier cosa relacionada con las manualidades y el DIY de cosas bonitas, no tenéis que desviaros demasiado de vuestra ruta turística.

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