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Meteduras de pata furgoneteras

Uno no nace aprendido, decía mi padre. Y eso me pasó a mi con la furgoneta. A base de liarla he ido aprendiendo, primero sola y luego en familia. Ya te hablé hace algún tiempo de mis meteduras de pata de viajeras, así que ahora le toca el turno a las meteduras de pata furgoneteras.

Meteduras de pata furgoneteras

Baterías de la furgo en invierno

En 2011 nos hicimos una ruta de dos semanas por Suiza. No nos daba tiempo a acostumbrarnos a sus horarios de a las 6 de la tarde cenando y mucho menos a sus horarios de atención en las recepciones de los camping. Las primeras noches intentamos dormir a la aventura, pero era casi imposible. Así que no nos quedaba más remedio que ir de camping en camping.

Meteduras de pata furgoneteras

Como no era temporada alta las recepciones solo abrían un par de horas al día y unos pocos días a la semana. Eso quiere decir que muchos días llegábamos al camping y ocupábamos una plaza pero no nos podíamos enganchar a la electricidad. Además, los trayectos no eran largos así que las baterías no terminaban de cargarse. ¿Qué pasó? pues que muchas noches a varios grados bajo cero no teníamos batería para arrancar la calefacción estacionaria. La de sopas que llegamos a desayunar en ese viaje para poder calentar el cuerpo.

Quedar atascado en barro, nieve, arena o hierba

Ya ves que hay para todos los gustos. Y es que nosotros somos echados para adelante y no tenemos miedo a dormir escondidos por montes y caminos, pero a veces, metes la pata o más bien la rueda.

Arena en Doñana

Queríamos dormir en un pinar para levantarnos por la mañana temprano, sacar prismáticos y telescopio y poder hacer un avistamiento de aves. Llegamos al pinar ya entrada la noche y no nos dimos cuenta de que en el camino cada vez había más arena. En cuestión de unos pocos metros nos quedamos completamente atascados. Cuanto más intentábamos salir, más nos hundíamos. Al final, la furgoneta estaba enterrada en la arena hasta más de la mitad de la rueda. Decidimos acostarnos y solucionarlo al día siguiente. Ni qué decir tiene que dormimos bastante inclinados.

Furgoneta atascada en la arena: meteduras de pata furgoneteras

Tempranito por la mañana nos dimos cuenta de que solo había la cobertura justa para llamar a emergencias. Llamamos, y advertimos de que no teníamos cobertura así que la Guardia Civil si nos llamaba no iba a poder contactar. Pasaban las horas y apretaba el calor. Salimos a la carretera y los pocos coches que pasaban por aquella carretera no paraban (supongo que les daba miedo ver a dos locos con la cara desencajada). A media mañana apareció un Guarda Forestal con un todo terreno y nos sacó. Nadie le había dado aviso, él solo estaba de ruta. Cuando por fin recuperamos la cobertura, nos encontramos con varias llamadas del cuartelillo.

Barro en Toledo

En primavera nos acercamos a la provincia de Toledo para ver avutardas. Como siempre, la idea era dormir en la zona para poder levantarnos temprano. Cuando estábamos de camino empezó a llover y cuando ya estábamos por los caminos buscando un lugar para dormir ya era torrencial. De repente, frenazo en seco e inclinación de la furgo en un ángulo que nada bueno podía traer. Heber, que conducía en ese momento no podía abrir la puerta: de lo inclinada que estaba se clavaba en el suelo. Con barro hasta las rodillas decidimos quedarnos allí a dormir.

Pero en pocos minutos llegaron los rayos y los truenos, y estábamos al lado de una torre eléctrica. Aquello empezaba a ponerse peligroso. Tras muchas maniobras, acelerones y giros de volante, la furgoneta salió del barrizal como una campeona y pudimos alejarnos para dormir en un lugar más seguro.

Nieve en Madrid

La nieve también nos dejó un poco atascados en el Puerto de la Morcuera en Madrid. Era nuestra primera noche furgonetera con Olimpia, que tenía poquito más de un mes. Nos metimos, nos metimos, nos metimos hasta que ya no pudimos salir. Esta vez tuvimos suerte porque justo había una pala excavadora que nos sacó sin problema.

Furgoneta atascada en la nieve: meteduras de pata furgoneteras

Hierba en Asturias

Y terminamos con la hierba. Asturias, plena primavera. Después de cenar con unos amigos decidimos irnos a dormir por los campos de Moriana y de paso llevarnos a mi madre a vivir una aventura furgonetera. Y vaya si la vivió. De madrugada empezó a llover como solo llueve en estas tierras y por la mañana al intentar sacar la furgo, se nos iba para atrás, pues derrapaba en la hierba mojada. Imposible salir. Revolucionamos a medio pueblo. Los vecinos vinieron con tractorer y palas, pero no había cadena con enganche. Finalmente, de nuevo la grúa llegó al rescate.

Está claro, que los furgoneteros tenemos que poner en nuestra vida un seguro que incluya rescate en caminos. Si no, estás perdido. Si te sirve de referencia, nosotros lo tenemos desde hace varios años con Zalba-Caldú y jamás hemos tenido un problema.

Quedar atascados en Granada

Y en este caso no fue ni por barro ni por nieve ni por arena sino por las estrecheces de las calles. Estábamos buscando sitio para aparcar y media Granada estaba en obras. Era noche cerrada y nos desviaron hacia una calle que tenía una limitación de anchura de 1,9 metros (y que nosotros no vimos). Nos metimos por unas calles endiabladas a los pies de La Alhambra y lógicamente la furgo no cabía. Creimos que nos quedaríamos allí atascados. Con los retrovisores plegados había 1cm a cada lado de la furgo y había que ir a paso de tortuga para nos pegarnos con las paredes con el balanceo de los adoquines. Salimos por los pelos.

Quedarnos sin gasolina

Esto nos ha pasado tres veces y las tres porque la aguja del indicador no funcionaba bien.

La primera vez fue en una carretera de Castilla La Mancha. Ya íbamos camino de la gasolinera cuando de repente la furgo empieza a no tirar. ¿Qué le pasa? ¿por qué no acelera? Y nos encontramos con una cuesta. A mitad de cuesta, se nos paró. Si hubiésemos llegado a lo alto, habríamos llegado a la gasolinera dejando la furgo en punto muerto. Pero se paró antes. De nuevo, la grúa vino al rescate. Por el conductor descubrimos que la aguja no funcionaba.

La segunda vez fue viajando de madrugada hacia a Asturias con las peques. Había que repostar, así que buscamos una gasolinera 24 horas. Teníamos varias localizadas, pero todas estaban cerradas. Cuando llegamos a la tercera, la furgo ya estaba seca, no pudimos ni apartarnos un poco. Además llevamos la furgo hasta los topes porque llevamos cajas de mudanza. Por primera y última vez en nuestra vida, tuvimos que dormir en una gasolinera. Eso sí, por la mañana fuimos los primeros en repostar.

Grúa llevando gasolina: meteduras de pata furgoneteras

Y la tercera vez fue en Belén de la Montaña (¡cuyo único bar se llama Olimpia como mi hija pequeña1). Nos íbamos a las fiestas del pueblo, con comida popular, música y mucho ambiente con vistas a las montañas asturianas. La carretera, sube que sube, curva tras curva y de nuevo. De pronto, el indicador de gasolina empezó a volverse loco: queda gasolina para 70 kilómetros, para 20, para 160, para 10… Realmente, solo había gasolina para 10 km. Y otra vez nuestro seguro nos sacó del atolladero. En menos de una hora una grúa nos subió un bidón de gasolina y con eso ya pudimos llegar a la gasolinera más cercana.

Que te eche la burbuja inmobiliaria

Una tarde de mayo decidimos que era un buen momento para acercarnos a La Manga del Mar Menor. Cuando llegamos, aparcamos cerca de la playa junto a unas autocaravanas y nos echamos a dormir. Estábamos junto a una parcela no construida en la que solo había arena. Vamos, que se podría decir que era un trozo de playa. A las 8 de la mañana empezamos a notar sacudidas en la furgoneta y el ruido de maquinaria.

Meteduras de pata furgoneteras: furgoneta en la Manga

Justo esa mañana empezaban a construir en esa parcelita y las máquinas excavadoras nos estaban echando toda la arena encima. Yo creo que durante meses sacamos arena de la furgo de aquella avalancha.

Quedarnos sin gas

Nosotros siempre llevamos dos bombonas de gas en la furgo: una grande y una más pequeña para emergencias. En uno de nuestros viajes a Francia se nos acabaron las dos y no encontrábamos recambio. Al final tuvimos que comprar una pequeña en un camping y nos clavaron 50 euros. Desde entonces, la bombona de recambio es una de nuestras cosas a tener en cuenta cada vez que vamos a organizar una ruta en furgo.

Dejarte la puerta abierta

En nuestra última visita a Madrid dormimos en casa de unos familiares y dejamos la furgo aparcada en la misma calle. Entre niñas, maletas, algún regalito que llevas y el casnsancio acumulado, me dejé la puerta corredera de la furgo abierta. Y cuando digo abierta es abierta de par en par. Nos dimos cuenta al día siguiente. Así que la furgo estuvo completamente abierta en Madrid una noche entera.

Tuvimos muchas suerte de que no se llevaran la furgoneta, porque dejarte la puerta así es una invitación para ello.

¿Y tú? ¿tienes meteduras de pata furgoneteras que quieras compartir con nosotros? Te animamos a que lo hagas para así no sentirnos tan solos.

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